Ciutadella

La huella señorial
Si el sol sale por Maó, Ciutadella es el lugar elegido para su reposo. La geografía es sólo uno de los elementos que define la antagonía de estas dos ciudades. Ciutadella fue la capital de Menorca hasta la llegada de los ingleses en época de conquistas, saqueos y florecimiento industrial. El singular encanto de su puerto natural, al abrigo de la Tramuntana, y el entramado de callejuelas estrechas que conforman su casco antiguo, convierten esta ciudad en un auténtico museo al aire libre, reflejo de un pasado histórico intenso y repleto de enigmas. Ciutadella se caracteriza por sus angostas calles, con nombres curiosos como ‘Qui no passà’ (Quien no pasó), o ‘Ses Voltes’ (Las Arcadas) que empiezan en la Plaça de ses Palmeres (Plaza de las Palmeras o de Alfonso III) y terminan en la catedral de Ciutadella. Más allá, en dirección al Ayuntamiento se avistan majestuosas casas señoriales que corroboran el poderío económico que tuvo la ciudad, palacios como los de Torre Saura o Can Salort. La Plaza des Born sobresale por su obelisco, tributo a las víctimas del brutal asalto turco que vivió Ciutadella en 1558.
Este es, precisamente, el escenario de uno de los momentos más emotivos de las mágicas fiestas de Sant Joan, en las que la música, el negro de los caballos y el rojo de los pañuelos se funden en un espectáculo inolvidable.